domingo, diciembre 25, 2011

La función del Partido Comunista en la Revolución Proletaria

Parte 1

“EL PARTIDO COMUNISTA NO TIENE INTERESES DIFERENTES DE LOS DE LA CLASE OBRERA... POSEE UNA VISIÓN GENERAL DEL CAMINO QUE LA CLASE DEBE RECORRER HISTÓRICAMENTE Y, EN TODOS LOS VIRAJES DEL MISMO, DEFIENDE LOS INTERESES NO DE GRUPOS O DE CATEGORÍAS PARCIALES, SINO LOS DE TODA LA CLASE OBRERA.”

El Segundo Congreso de la Internacional Comunista (julio de 1920) tras constatar el desarrollo del movimiento revolucionario a nivel internacional planteó la necesidad de perfeccionar el trabajo de los partidos comunistas y para ello aprobó las “Tesis sobre la función del Partido Comunista en la Revolución Proletaria”. El documento es demasiado extenso para publicarlo íntegramente por eso En Marcha ha decidido hacerlo en dos entregas resumidas. La versión íntegra la pueden encontrar en nuestra página web: www.pcmle.org/ EM
1 El Partido Comunista es una parte de la clase obrera, y precisamente la parte más avanzada, más consciente, y, por consiguiente, más revolucionaria. El mismo se forma mediante la selección espontánea de los trabajadores más conscientes, más devotos, más lúcidos. El Partido Comunista no tiene intereses diferentes de los de la clase obrera. El Partido Comunista se distingue de la totalidad de los trabajadores porque posee una visión general del camino que la clase debe recorrer históricamente y, en todos los virajes del mismo, defiende los intereses no de grupos o de categorías parciales, sino los de toda la clase obrera. El Partido Comunista es la palanca organizadora y política con cuya ayuda la parte más avanzada de la clase obrera dirige en el recto camino a la masa del proletariado y del semiproletariado.
2 Hasta que el proletariado no haya conquistado el poder estatal, hasta que su dominio no se haya consolidado para siempre, haciendo imposible cualquier restauración burguesa, el Partido Comunista acogerá por regla general en su organización sólo a una minoría de trabajadores. Antes de tomar el poder y en la época de transición, el Partido Comunista puede, en circunstancias favorables, ejercer una influencia ideológica y política incontrastada sobre todas las capas proletarias y semiproletarias de la población, pero no puede reunirlas a todas en sus filas de manera organizada. Sólo después que la dictadura proletaria haya quitado a la burguesía los potentes medios de influencia como la prensa, la escuela, el parlamento, la iglesia, el aparato administrativo, etc., y sólo después que la derrota definitiva del régimen burgués sea una realidad evidente para todos, sólo entonces todos o casi todos los trabajadores entrarán en las filas del Partido Comunista.
3 Las nociones de partido y de clase deben ser distinguidas con el mayor cuidado. Los miembros de los sindicatos “cristianos” y liberales de Alemania, Inglaterra y otros países, pertenecen indudablemente a la clase obrera. También pertenecen sin duda a ella las asociaciones obreras más o menos considerables que siguen todavía a Scheidemann, a Gompers y a sus amigos. En ciertas condiciones históricas es muy posible que en el seno de la clase trabajadora subsistan numerosos grupos reaccionarios. La tarea del comunismo no consiste en adaptarse a estos elementos atrasados de la clase trabajadora, sino elevar a toda la clase trabajadora al nivel de su vanguardia comunista. La mezcolanza de estos dos conceptos partido y clase - puede llevar a los más graves errores y a la peor confusión...
4 La Internacional Comunista repudia de la manera más categórica la opinión de que el proletariado pueda realizar su revolución sin un partido político propio y autónomo. Toda lucha de clase es una lucha política. El objeto de esta lucha, que se transforma inevitablemente en guerra civil, es la conquista del poder político. Pero el poder político no puede ser tomado, organizado y dirigido más que por este o por aquel partido político. Sólo si el proletariado está encabezado por un partido organizado y probado, que persigue objetivos claramente definidos y que posee un programa de acción preciso para el próximo porvenir, tanto en el campo de la política interior como en el campo de la política exterior, sólo entonces la conquista del poder político no será un hecho fortuito y temporáneo, sino el punto de partida de un trabajo duradero para la edificación comunista, llevada a cabo por el proletariado.

5 La lucha de clase misma exige igualmente la centralización de la dirección de las diferentes formas del movimiento obrero (sindicatos, cooperativas, comités de fábrica, asociaciones culturales, elecciones, etc.). Dicho centro organizador dirigente no puede ser sino un partido político. Negarse a crearlo y reforzarlo, negarse a someterse a él, equivale a rechazar la unidad de dirección de las varias patrullas de proletarios, que actúan en diferentes campos de batalla. La lucha de clase del proletariado exige por último una agitación concentrada, que ilumine las diversas etapas de la lucha desde un punto de vista unitario y llame en cada momento la atención del proletariado sobre las tareas que le interesan en su conjunto; cosa que no puede realizarse sin un aparato político centralizado, es decir, sin un partido político...
6 La tarea más importante de un partido verdaderamente comunista es la de mantener un estrecho contacto con las masas más extensas del proletariado. Para lograr esto, los comunistas tienen que trabajar también en organizaciones que no son el partido, pero que abarcan extensas masas proletarias...
... Los comunistas consideran como tarea principal el trabajo sistemático de organización y educación dentro de estas organizaciones. Pero para que éste sea un trabajo fecundo, para que los enemigos del proletariado no se apoderen de estas organizaciones de masa, los trabajadores comu¬nistas dotados de conciencia de clase deben tener su partido comunista independiente y disciplinado, que actúa de manera organizada y que, en todas las circunstancias - y cualesquiera que sean las formas del movimiento - esté en condiciones de representar los intereses generales del comunismo.


Parte 2


La necesidad de un partido político del proletariado desaparece solamente con la eliminación completa de las clases.


Reproducimos en esta edición una segunda parte de las “Tesis sobre la función del Partido Comunista en la Revolución Proletaria”, documento aprobado en el II Congreso de la Internacional Comunista (julio de 1920). Como advertimos en la edición anterior la versión íntegra la pueden encontrar en nuestra página web: www.pcmle.org/EM
• El Partido Comunista es necesario a la clase obrera no sólo antes y durante la conquista del poder, sino también después de que el poder haya pasado a las manos de la clase obrera. La historia del Partido Comunista ruso, que desde hace tres años detenta el poder en un país inmenso, nos muestra que la función del Partido Comunista, lejos de disminuir después de la conquista del poder, ha crecido considerablemente.
• En el momento de la conquista del poder por parte del proletariado, su partido sigue constituyendo sin embargo, como antes, sólo una parte de la clase trabajadora. Pero es justamente esa parte de la clase proletaria que ha organizado la victoria. En el curso de dos decenios como en Rusia, y por toda una serie de años, como en Alemania, el Partido Comunista, en su lucha no sólo contra la burguesía sino también contra aquellos "socialistas" que son en realidad los agentes de la burguesía entre los proletarios, ha acogido en sus filas a los militantes más enérgicos, más lúcidos, más adelantados de la clase trabajadora. Sólo la existencia de tal organización compacta de la mejor parte de la clase obrera permitirá superar todas las dificultades que el Partido Comunista deberá salvar después de su victoria. La organización de un nuevo ejército proletario - el Ejército Rojo - la abolición efectiva del mecanismo estatal burgués y la creación de los primeros fundamentos del aparato estatal proletario, la lucha contra las tendencias corporativas de algunos grupos proletarios, la lucha contra el "localpatriotismo", la apertura de vías nuevas en la creación de una nueva disciplina del trabajo - en todos estos campos la palabra decisiva toca al Partido Comunista, cuyos miembros guían con su ejemplo viviente a las capas más extensas de la clase obrera.
• La necesidad de un partido político del proletariado desaparece solamente con la eliminación completa de las clases. Es posible que, en la marcha hacia la victoria definitiva del comunismo, la importancia de las tres formas fundamentales de la organización proletaria contemporánea (partido, soviets, sindicatos de industria) se modifique, y que un único tipo de organización obrera se cristalice poco a poco. Pero el Partido Comunista no se disolverá completamente en la clase obrera sino cuando el comunismo deje de ser el objetivo de la lucha, cuando la clase trabajadora, toda entera, se haya vuelto comunista.
• La Internacional Comunista piensa que sobre todo en la época de la dictadura del proletariado, el Partido Comunista debe estar construido sobre la base de una inquebrantable centralización proletaria. Para dirigir eficazmente a la clase obrera en la larga y áspera guerra civil que habrá estallado, el Partido Comunista debe establecer también en sus filas una disciplina severa, militar. La experiencia del Partido Comunista ruso, que durante tres años ha guiado con éxito a la clase obrera en la guerra civil, ha mostrado que sin la disciplina más fuerte, sin una centralización completa, sin una plena confianza de camarada de todas las organizaciones del partido en el centro dirigente del partido mismo, la victoria de los trabajadores es imposible.
• El Partido Comunista debe basarse sobre el principio del centralismo democrático. La elegibilidad de los órganos superiores del Partido por parte de los inferiores, el carácter absolutamente obligatorio de todas las directivas de los órganos superiores para con los inferiores, y la existencia de un fuerte centro del partido, cuya autoridad, en el intervalo entre los Congresos del mismo, no puede ser contestada por nadie: éstos son los principios esenciales de la centralización democrática.
• La piedra angular de cada trabajo organizador del Partido Comunista debe ser la creación de núcleos comunistas dondequiera se encuentren proletarios y semiproletarios, aunque su número sea reducido. En cada soviet, en cada sindicato, en cada cooperativa, en cada taller, en cada comité de inquilinos, en cada institución en que aun solamente tres personas apoyen al comunismo, debe ser organizado inmediatamente un núcleo comunista. Sólo la compacidad de la organización comunista da a la vanguardia de la clase obrera la posibilidad de arrastrar tras de sí a la clase trabajadora entera. Todos los grupos comunistas que trabajan en organizaciones apartidarias deben estar absolutamente subordinados al partido en su conjunto, cualquiera sea su acción, legal o ilegal, en un momento particular. Los núcleos comunistas deben ser coordinados de manera rigurosamente jerárquica, según un sistema lo más preciso posible.

No hay comentarios: