jueves, junio 14, 2012

Procesos de Paz: El caso del norte de Irlanda y sus enseñanzas para Euskal Herria

Por KIMETZ

James Connolly, revolucionario marxista irlandés en enero de 1897: “Si mañana echáis al ejército inglés e izáis la bandera verde sobre el Castillo de Dublín, a menos que emprendáis la organización de una república socialista todos vuestros esfuerzos habrán sido en vano. Inglaterra todavía os dominará”.
Más de un siglo después, Connolly anduvo acertado. Esa república socia-lista dista hoy mucho de ser una realidad. Pero algo no sucedió: Algunos de sus compatriotas no izaron la bandera irlandesa. Y no, tampoco echaron al ejército. Se le apartó, más bien, a un segundo plano, latente. La Union Jack sigue ondeando en las instituciones del norte de Irlanda y más allá del mero símbolo imperialista que representa, la continuidad colonial británica es una realidad en toda la estructura de los 6 condados.Desde que se firmara el Acuerdo de Viernes Santo (AVS) en abril del '98 entre, Sinn Féin, gobierno irlandés y británico, principales partidos social-demócrata y unionista del norte y el gran demócrata George Mitchell, la frase que más caló en el actual movimiento republicano fue la de “que todo cambie, para que nada cambie”. Para poder resolver favorablemente la confrontación con el Sinn Féin, se hizo uso de una vieja herramienta conci-liadora: el proceso de paz. Tras ello, nada cambió, los capitalistas irlande-ses e ingleses continuaron con sus métodos: apartheid social y político, anulación de derechos y represión para acallar y suprimir las aspiraciones sociales y nacionales. Todo ello decorado y redecorado, con las palabras paz, diálogo e instituciones.
El Estado Británico conocía el terreno político en el que se movía el repu-blicanismo, donde no existía unanimidad a la hora de afrontar los métodos de lucha, centrado exclusivamente en la línea militarista, que abrió la senda al reformismo. Las brechas abiertas condujeron al elemento mas reacciona-rio de los provisionales, el SF, a delegar dicha lucha en una línea parla-mentarista, arrastrando a la mayor parte de la organización armada e intro-duciéndose en el marco legal que determinó la corona, arropándose en el delantal del carnicero. El SF no otorgó a las aspiraciones de la clase obrera el lugar que se merecían, encargándose durante años de sumir dichas aspi-raciones en un mar de dudas nacionalistas, para que la mayoría de la clase trabajadora no discerniera con claridad de que sin la destrucción del capita-lismo y el imperialismo Irlanda jamás sería libre.
Pactando con Blair lograban dos cosas: 1) Un minucioso lavado de cara de la represión social existente en el norte, para mostrar a la población como las condiciones habían cambiado aparentemente y poder allanar su camino hacia la conquista de la vida política gracias al apoyo coartado de sus ba-ses. Y 2) Sentenciar la división del movimiento provisional republicano, distanciándose del movimiento revolucionario y popular, echando sobre las espaldas de la mal llamada “disidencia”, todo el peso de la represión. Re-sultado: Sus intereses de clase quedaban blindados y liquidaban la lucha armada, ya que el desarme de la clase trabajadora fue la primera orden de las burguesías con quienes pactaron.El SF, quien se ha mostrado resuelto administrando el dominio británico en la isla, quiso destruir el movimiento republicano revolucionario; en vano. De la militancia de su propio seno nacieron otras organizaciones: Republi-can Sinn Féin en 1986, 32 County Sovereignity Movement, quien recuer-da: “La aceptación de los principios Mitchell iba contra el propio espíritu del IRA, por lo que una significativa parte de la cúpula se retiró para reor-ganizarlo”, o Éirígí fundado en 2006 fruto del hartazgo del AVS. En la lí-nea política opuesta a la ocupación británica también están el Republican Network for Unity y el Irsih Republican Socialist Party vinculado al Irish Natioanl Liberation Army, INLA, que declaró un alto el fuego permanente en 2008.
Hay 65 presos y presas políticas republicanas en las cárceles irlandesas de Portlaoise y Maghaberry, en Lituania y en el Estado Francés. Entre ellos: Marian Price (enferma, en aislamiento la mayor parte del año), Gerry McGeough (enfermo), Brian Shivers (enfermo), Brian Shavers (gravemente enfermo), McGeough y Mac Adam, perseguidos por activida-des en los '80 o Lurgan Martin Corey, casos en los que algunos fueron ex-carcelados tras los AVS y encarcelados denuevo acusados de “actividades políticas que constituyen peligro público”. El Acuerdo imponía retorno a prisión de todo ex-preso atenido a beneficios individuales, que tras su sali-da realizara políticas republicanas “disidentes”. Los presos son sometidos a desnudos integrales en sus celdas, apaleados cuando se resisten y castiga-dos durante días sin salir del chabolo. Están protagonizado huelgas de su-ciedad, sobretodo en la cárcel de Maghaberry, 31 años después de la trági-ca muerte de diez voluntarios del IRA y el INLA en los H-Blocks, quienes, tras esas mismas huelgas de suciedad, iniciaron una huelga de hambre por alcanzar el estatus de presos políticos contra la política vengativa del esta-do británico y de sus cómplices, que se teme pueda volver a ocurrir.
La actividad militar republicana no es el problema, sino una consecuencia. Los problemas para el pueblo, los ha ratificado el AVS: emigración, injus-ticia, capitalismo, discriminación y sectarismo unionista, siguen siendo la pesadilla de las comunidades. “Todo había cambiado para que nada cam-bie”. Ni uno de los objetivos históricos del movimiento ha sido alcanzado por los acuerdos del '98, ni la independencia, ni por supuesto el socialismo. La policía paramilitar, el PSNI, sigue protegiendo al Estado y sus intereses, ya que es una fuerza inherentemente política que debe defender la autori-dad y legitimidad británica. El ejército británico cuenta todavía con 5000 efectivos en el norte, además de unidades de la Fuerza Real y la Marina. El MI5, servicios secretos, cuentan con 400 efectivos estimados.
El Estado teme al movimiento republicano no sólo porque es coherente, sino porque no hay manera de acomodarlo en sus instituciones. Los repu-blicanos no pueden y no se comprometerán frente a instituciones de la co-rona británica, ni frente a los que no tienen ningún derecho a reclamarse legítimamente republicanos.

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