miércoles, junio 13, 2012

LA TEORIA Y LA PRÁCTICA DE LA REVOLUCIÓN (2ª Parte)

Mientras que los pregoneros de la tesis del «tercer mundo» califican de movimiento de
liberación, e inclusive de «principal fuerza en la lucha contra el imperialismo», hasta los
regateos del rey de Arabia Saudita o del Sha de Irán con los monopolios petroleros de
los EE,UU., sus transacciones con el Pentágono para la compra de armas por miles de
millones de dólares. Según esta lógica, resultaría que los jeques del petróleo, que
depositan sus petrodólares en los bancos de Wall Street o de la City serían combatientes
contra el imperialismo y sostenedores de la guerra popular dirigida contra la dominación
imperialista y que los imperialistas norteamericanos que venden armas a los regímenes
reaccionarios y opresores de los mencionados jeques, se las suministrarían a las
«fuerzas patrióticas» que luchan para expulsar a los imperialistas de las «arenas de oro»
de Arabia y Persia.
Los hechos confirman que en la actualidad, también la revolución de liberación
antiimperialista y democrática puede desarrollarse consecuentemente y ser llevada hasta
el fin sólo si es dirigida por el proletariado, con su partido a la cabeza. y en alianza con
las amplias masas del campesinado y las otras fuerzas antiimperialistas y patrióticas. Ya
en 1905, en su libro «Dos tácticas». Lenin argumentaba de manera profunda que en las
condiciones del imperialismo la particularidad de las revoluciones democráticoburguesas
es que la fuerza más interesada en llevar adelante estas revoluciones, no es la
burguesía que vacila y tiende a unirse con las fuerzas reaccionarias feudales contra el
ímpetu revolucionario de las masas, sino el proletariado, que considera la revolución
democrático-burguesa como etapa intermediaria para la transición a la revolución
socialista. Lo mismo se debe decir también de los movimientos de liberación nacional
de nuestra época. J. V. Stalin señalaba que
«después de la Revolución de Octubre comenzó la época de las revoluciones libertadoras en las colonias y en los países dependientes, la época del despertar del proletariado de esos países, la época de su hegemonía en la revolución.»   (J. V. Stalin, Obras, t. X, Págs. 237-238, ed. albanesa).
Estás enseñanzas leninistas adquieren en las condiciones actuales un particular valor e
importancia. Hoy en el mundo se ha profundizado y actúan con gran fuerza dos
tendencias, sobre las cuales ha llamado la atención Lenin, por un lado, la tendencia de
los monopolios capitalistas a abolir las fronteras nacionales y a internacionalizar la vida
económica y política; por el otro, la tendencia de distintos países a fortalecer la lucha
por la independencia nacional. Así, respecto a la primera tendencia, en muchos países
liberados del colonialismo, no sólo se conservan, sino que van fortaleciéndose y
ampliándose los lazos de la burguesía del país con el capital extranjero imperialista, a
través de múltiples formas neocolonialistas, tales como las compañías multinacionales,
las distintas integraciones económico-financieras, etc., etc. Esta burguesía, que ocupa
posiciones clave en la vida económica y política del país y que va creciendo, es una
fuerza pro-imperialista y enemiga del movimiento revolucionario y de liberación.
Respecto a la otra tendencia, la del fortalecimiento de la independencia nacional contra
el imperialismo en los países antaño coloniales, está ligada en primer lugar y
especialmente con el crecimiento del proletariado en estos países. Se están creando,
pues, condiciones cada vez más favorables para el vasto y consecuente desarrollo de las
revoluciones antiimperialistas y democráticas, para la dirección de las mismas por el
proletariado y, como consecuencia, para su paso a una fase superior, a la lucha por el
socialismo.
Los marxista-leninistas no confunden las aspiraciones; y los fervientes anhelos de
liberación revolucionarios y socialistas de los pueblos y del proletariado de los países
del llamado «tercer mundo» con los fines y la política de la burguesía vacilante y
opresora de estos países. Saben que en los países de Asia, África y America Latina, en
el seno de los pueblos, existen sanas corrientes progresistas, que con seguridad llevarán
adelante hasta la victoria su lucha revolucionaria.
Considerando globalmente el llamado «tercer mundo», como la fuerza principal de la
lucha contra el imperialismo y de la revolución, como hacen los partidarios de la teoría
de los «tres mundos», sin hacer ninguna distinción entre las auténticas fuerzas
antiimperialistas y revolucionarias y las fuerzas pro-imperialistas, reaccionarias y
fascistas que detentan el poder en una serie de países “en vías de desarrollo”, significa
alejarse de manera flagrante de las enseñanzas del marxismo-leninismo y predicar
puntos de vista típicamente oportunistas, causando confusión y desorientación entre las
fuerzas revolucionarias. En esencia, según la teoría de los «tres mundos» los pueblos de
dichos países no deben combatir, digamos, contra las dictaduras sanguinarias fascistas
de Geisel en Brasil y de Pinochet en Chile, de Suharto en Indonesia, del sha de Irán o
del rey de Jordania, etc., porque estas dictaduras son supuestamente parte integrante de
«la fuerza revolucionaria motriz que conduce adelante la rueda de la historia mundial».
Al contrario, según esta teoría, los pueblos y los revolucionarios deben, unirse con las
fuerzas y los regímenes reaccionarios del «tercer mundo» y apoyarlos, en otras palabras,
deben renunciar a la revolución.
El imperialismo norteamericano, los demás Estados capitalistas y el social imperialismo
soviético han atado a su carro con miles de hilos a las clases que dominan en los países
del llamado «tercer mundo« Estas clases, naturalmente, siendo dependientes de los
monopolios extranjeros, buscando prolongar su dominación sobre las amplias masas de
sus pueblos, trata de dar la impresión de que supuestamente forman un bloque de
Estados democráticos independientes que tiene como objetivo ejercer presiones sobre el
imperialismo norteamericano y el social imperialismo soviético y, supuestamente,
impedir sus ingerencias en los asuntos internos.
Lenin indicaba a los partidos comunistas «la necesidad de explicar infatigablemente y
desenmascarar de continuo ante las grandes masas trabajadoras, de todos los países,
sobre todo los atrasados, el engaño que utilizan sistemáticamente las potencias
imperialistas, las cuales, bajo el aspecto de Estados políticamente independientes, crean
en realidad Estados desde todo punto de vista sojuzgados por ellos en el sentido
económico, financiero y militar», (V. I. Lenin, Obras, t. XXXI, Pág. 159, ed. albanesa).
El Partido del Trabajo de Albania se ha atenido y se atiene fielmente a estas inmortales
enseñanzas de Lenin.
«En lo que concierne a la valoración de la política que siguen diferentes gobiernos y países, -señalo el camarada Enver Hoxha en el VII Congreso del PTA- los marxistas parten, igualmente, del criterio clase y se basan en la actitud que estos gobiernos y países mantienen hacia el imperialismo y el socialismo, hacia su propio pueblo y la reacción. Sobre la base de estas enseñanzas, el movimiento revolucionario y el proletariado construyen su estrategia y su táctica, encuentran y se unen a sus verdaderos aliados en la lucha contra el imperialismo, la burguesía y la reacción. Las denominaciones «tercer mundo», «países no alineados» o «en vías de desarrollo» crean entre las amplias masas que luchan por la liberación nacional y social, la ilusión de que se ha encontrado un abrigo donde protegerse de la amenaza de las superpotencias. Ocultan la situación real de la mayoría de estos países, los cuales, de una u otro forma, están vinculados tanto a las superpotencias como a las antiguas metrópolis coloniales y dependen política, ideológica y económicamente de ellas». (Enver Hoxha, Informe ante el VII Congreso del PTA, Pág. 104, ed. albanesa).
Las teorías actuales sobre los llamados «tercer mundo», «países no alineados» etc.,
tienden a frenar a la revolución y a defender al capitalismo de manera que este no sea
obstaculizado en el ejercicio de su hegemonía, sino que pueda practicar algunas formas
de dominación un poco más aceptables por los pueblos. El llamado «tercer mundo» y el
«mundo de los no alineados», independientemente de las diferentes denominaciones, se
parecen el uno al otro como dos gotas de agua, se guían por la misma política e
ideología, ambos grupos se entrelazan hasta el punto que es difícil distinguir qué países
pertenecen al «tercer mundo» y qué es lo que les diferencia de los «no alineados», y qué
Estados pertenecen a los «no alineados» y qué les diferencia de los del «tercer mundo».
Se hacen esfuerzos por crear otra agrupación, llamada de los «países en vías de
desarrollo», donde se meten en el mismo saco tanto a los países del «tercer mundo»
como a los «no alineados». Asimismo los autores de esta teoría encubren las
contradicciones de clase, preconizan el statu quo, para que el imperialismo, el social
imperialismo y otras potencias imperialistas no sufran ningún perjuicio a condición de
dar sus limosnas a los «países en vías de desarrollo», para levantar su economía. Según
ellos, las grandes potencias deben hacer algunos «sacrificios», dar algo para los
hambrientos, para que también estos puedan sobrevivir y no se rebelen. Así se
encontrará, dicen ellos, un término medio, se establecerá «un nuevo orden
internacional», en el que todos, ricos y pobres, explotadores y explotados, vivirán «sin
guerras», «sin armamentos», «en unidad»,«en la paz de clases», en la coexistencia a lo
Jruschov.
Precisamente porque, estas tres «invenciones» tienen un contenido y objetivos
idénticos, se observa que los «leaderships» de los «países no alineados», del «tercer
mundo» y del «mundo de los países en vías de desarrollo» están en plena armonía entre
ellos. Ellos, todos juntos con sus teorías y prédicas, engañan a las masas, al proletariado,
a los pueblos para alejarlos de la lucha revolucionaria.
La teoría de los «tres mundos» lejos de tener en cuenta la contradicción entre los dos
sistemas sociales Opuestos: el socialismo y el capitalismo, así como la gran
contradicción entre el trabajo y el capital, tampoco analiza la otra gran contradicción,
entre los pueblos oprimidos y el imperialismo mundial, reduciéndola únicamente a
contradicción con las dos superpotencias, incluso principalmente con una de ellas. Esta
«teoría» ignora totalmente la contradicción entre los pueblos y naciones oprimidos y las
demás potencias imperialistas. Aún más, los partidarios de la teoría de los «tres
mundos» llaman a la alianza del «tercer mundo» con estos países imperialistas y con el
imperialismo norteamericano contra el social imperialismo soviético.
Uno de los argumentos que se utiliza para justificar la división del mundo, en tres, es
que supuestamente en la actualidad el campo imperialista que existía después de la
Segunda Guerra Mundial y donde el imperialismo norteamericano no compartía su
dominación se ha desintegrado y ha dejado de existir como resultado del desarrollo
desigual de los diversos imperialismos. Los sostenedores de esta «teoría» pretenden que
hoy no se puede hablar de un solo mundo imperialista, porque, por un lado, los países
imperialistas occidentales se han levantado contra el dominante norteamericano y, por el
otro, existe una aguda y creciente rivalidad entre las dos superpotencias imperialistas,
los EE.UU. y la Unión Soviética.
Que en la fase del imperialismo, como resultado del desarrollo desigual de los diversos
países capitalistas, existen y se profundizan sin cesar las contradicciones inter
imperialistas, surgen y se rompen, según las circunstancias dadas: alianzas, bloques y
agrupaciones inter imperialistas, es el abc del marxismo-leninismo. Este fenómeno
típico del imperialismo, que demuestra que el imperialismo, como la última fase del
capitalismo va cada día más hacia su putrefacción, ha sido argumentado ampliamente
por Lenin como una ley objetiva, pero ¿acaso esto significa que, como resultado de
estas contradicciones, el mundo imperialista como sistema social ha dejado de existir y
se ha dividido en varios mundos, que ha cambiado la naturaleza socio-económica de tal
o cual imperialismo? De ninguna manera. Los hechos actuales testimonian no la
descomposición del mundo imperialista, sino la existencia de un sistema imperialista
mundial único, que hoy se caracteriza por dos grandes bloques imperialistas:
por una parte, el bloque imperialista occidental, con el imperialismo norteamericano a la
cabeza, y cuyos instrumentos son los organismos inter imperialistas tales como la
OTAN, el Mercado Común Europeo, etc., y, por la otra, el bloque del Este, dominado
por el social imperialismo soviético, siendo el Tratado de Varsovia y el CAME
instrumentos de su política expansionista, hegemonista y belicista.
En el esquema de los «tres mundos», el llamado «segundo mundo» abarca a los países
imperialistas, capitalistas y revisionistas; que desde el punto de vista de su régimen
social no tienen ninguna diferencia esencial con las dos superpotencias ni con los
diversos países catalogados en el «tercer mundo». Es verdad que los países que integran
este «mundo» tienen contradicciones determinadas con las dos superpotencias, pero son
contradicciones de carácter inter imperialista, como lo son también las contradicciones
existentes entre las dos superpotencias. En primer lugar, se trata de contradicciones
relativas a la lucha por mercados, esferas de influencia y zonas de exportación de
capitales y de explotación de las riquezas de los demás, entre imperialismos tales como
el germano-occidental, japonés, inglés, francés, canadiense, etc., con una u otra
superpotencia, y también entre ellos mismos.
Ciertamente, estas contradicciones debilitan el sistema imperialista mundial y van en
interés de la lucha del proletariado y de los pueblos. Pero es antimarxista identificar las
contradicciones entre las diferentes potencias imperialistas y las dos superpotencias con
la lucha de las masas trabajadoras y de los pueblos contra el imperialismo, por su
destrucción.
No puede ocurrir de ninguna manera que los países del llamado «segundo mundo», en
otras palabras la gran burguesía monopolista que domina allí, se conviertan en aliados
de los pueblos y de las naciones oprimidos en la lucha contra los dos superpotencias y el
imperialismo mundial. La historia posterior a la Segunda Guerra Mundial muestra
claramente que esos países han apoyado y apoyan la política y los actos de agresión del
imperialismo norteamericano, como en Corea y Vietnam, Medio Oriente y África, etc.
Son ardientes defensores del neocolonialismo y del viejo sistema de desigualdad en las
relaciones económicas internacionales. Los aliados del social imperialismo soviético en
el «segundo mundo» participaron junto con él en la ocupación de Checoslovaquia y son
celosos sostenedores de su política de expansión y rapiña en diferentes zonas del
mundo. Los países del llamado «segundo mundo» son el principal apoyo económico y
militar de las alianzas agresivas y expansionistas de las dos superpotencias.
Los sostenedores de la teoría de los «tres mundos» pretenden que ella ofrece amplias
posibilidades para aprovechar las contradicciones inter imperialistas o las
contradicciones existentes en el campo enemigo deben ser aprovechadas, pero ¿cómo y
con qué fines? Es conforme a los principios que se las aproveche siempre en beneficio
de la revolución, en beneficio de los pueblos y de su libertad, en beneficio de la causa
del socialismo. Es conforme a los principios que la explotación de las contradicciones
existentes en las filas de los enemigos, conduzca al crecimiento y al fortalecimiento del
movimiento revolucionario y de liberación, y no al debilitamiento, que conduzca a una
movilización cada vez más activa de las fuerzas revolucionarias en la lucha contra los
enemigos sobre todo contra los principales, sin permitir la creación de ninguna ilusión
hacia ellos entre los pueblos.
El absolutizar las contradicciones inter imperialistas y subestimar la contradicción
fundamental, la contradicción entre la revolución y la contrarrevolución, el centrar toda
la estrategia únicamente en la explotación de las contradicciones existentes en el campo
enemigo y olvidar lo principal: el aumento del espíritu revolucionario y el desarrollo del
movimiento revolucionario de los trabajadores y de los pueblos, dejar de lado la
preparación de la revolución, todo esto está en total oposición con las enseñanzas del
marxismo-leninismo. Es antimarxista practicar, so pretexto de aprovechar las
contradicciones, la unión con los imperialistas supuestamente más débiles para oponerse
al más fuerte, colocarse al lado de la burguesía propia para oponerse a la de otro país.
Lenin señalaba que la táctica consistente en aprovechar las contradicciones en las filas
de los enemigos debe ser utilizada para elevar y no para bajar el nivel general de la
conciencia proletaria, el espíritu revolucionario, la aptitud de las masas de luchar y
conquistar la victoria, (Véase Lenin. Obras, t. XXXI, Págs., 69-70, ed. albanesa).
El Partido del Trabajo de Albania se ha atenido y se atiene siempre consecuentemente a
estas inmortales enseñanzas leninistas.
«En estos momentos de gran crisis del imperialismo y del revisionismo contemporáneo, -ha dicho el camarada Enver Hoxha,- debemos intensificar la lucha contra ellos, aprovechar como se debe, y correctamente a nuestra favor, a favor de los Estados socialistas y de los pueblos que se levantan en la revolución, las grandes contradicciones entre los enemigos, desenmascararles sin cesar y no darnos por satisfechos ante las pretendidas concesiones o los gestos de moderación que los imperialistas y revisionistas se ven obligados a hacer, hasta que sea conjurado el peligro, para tomar después la revancha. Por eso, debemos mantener siempre nuestro hierro caliente y golpearles continuamente» (E. Hoxha, Informes y discursos, 1970-71, Págs. 460-461, ed.
albanesa).

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